jueves, 11 de febrero de 2010

BARCELONA 1 ESPANYOL 0
Un penalti fantasma decide el derbi
Iturralde concede un penalti inexistente de Baena sobre Xavi transformado por Ibra
Dominó a un Espanyol inoperante en el primer acto, que mejoró mucho en la reanudación
El árbitró terminó expulsando en el túnel de vestuarios a Baena por protestar

Actualizado sábado 12/12/2009 23:56 (CET)

AMADEU GARCÍA
BARCELONA.- La última victoria del Barça antes de iniciar el asalto al último título del año, el Mundial de Clubes, llegó con polémica. Se impuso a un Espanyol inoperante en la primera parte y mucho más combativo en la segunda gracias a un penalti inexistente sobre Xavi. La primera mitad fue para los azulgrana. La segunda, sin duda, para los blanquiazules. Su entrenador, Mauricio Pochettino, puso sobre el campo un equipo titular muy similar al que acabó cayendo 0-4 hace una semana ante el Racing. Castigo o estímulo. Durante los minutos iniciales, pareció más lo primero que lo segundo, si bien con sólo dos cambios, en la segunda parte, logró que la imagen y las sensaciones fueran muy diferentes. [Estadísticas]
Los onces que presentaron unos y otros hablaban bien a las claras de sus intenciones. El Barcelona, cómo no, quería tener el balón, partía de la posesión para, como dicen su entrenador, Pep Guardiola, agredir con él al contrario. El Espanyol, en cambio, saltó al terreno de juego dispuesto a renunciar completamente al esférico. Su técnico, Mauricio Pochettino, apostó claramente por el músculo más allá de la técnica. También, posiblemente, por los mimbres con que cuenta y las ausencias de piezas como Moisés y, sobre todo, De la Peña.
El Barcelona iba a atacar. El Espanyol, a defenderse e intentar soprender a su rival a la contra. Dos maneras de entender el fútbol. Sobre el papel, tan válida una como la otra, a pesar de que la primera, desde luego, resulte mucho más vistosa y entretenida para el público en general, digan lo que digan algunos. Sin Messi, lesionado, sobre el césped y con Xavi e Iniesta maniatados en el centro del campo por Forlín y Baena, el encargado de cargarse el equipo sobre sus altas espaldas fue Zlatan Ibrahimovic. El sueco se mostró ayer hiperactivo. Tanto, que se ganó la amarilla por protestar tras un posible penalti de Pareja y no dudó en bajar incluso hasta más allá de la línea del centro del campo para entrar en contacto con el balón.
Espanyol: De la inoperancia a la amenaza
El polémico primer gol de los azulgrana llegó, precisamente, tras un gran pase largo del sueco. Henry controló en el área, no encontró solución de disparo y el esférico volvió al ex delantero del Inter para que tratara en este caso la asistencia para Xavi. El de Terrassa cayó dentro del área tras un si cabe levísimo contacto con Baena. Iturralde, a instancias de su asistente, señaló penalti, a todas luces inexistente. Ibrahimovic, con un potente disparo, rompió de una vez la igualada. Llegó el premio a la insistencia barcelonista, que se había estrellado una y otra vez contra Kameni. En la otra portería, Valdés apenas si tuvo que poner la manopla ante un disparo lejano peligroso de Verdú, por otro lado desaparecido en combate durante el resto del primer acto.
Al Espanyol le quemó el balón en los pies durante toda la primera mitad. La historia cambió en la segunda, con la entrada de Javi Márquez y Callejón por Baena y Verdú. Los blanquiazules ganaron en posesión, se estiraron para buscar la portería azulgrana, pero sin puntería. El Barcelona, mientras, siguió contando con opciones para ampliar las diferencias en el luminoso. A Guardiola no le gustaron demasiado como pintaban las cosas y optó por dar entrada a Keita, para ganar en contundencia en el mediocampo y desplazar a Iniesta hacia labores mucho más ofensivas.
Los de Pochettino tuvieron un arranque fulgurante. Pusieron cerco a la meta de Valdés, pero ni Iván Alonso ni Javi Márquez, todo un revulsivo, consiguieron batirle. El Barça necesitaba serenarse, volver a tener el balón. Las prisas nunca son buenas consejeras. Eso lo sabe muy bien Guardiola. Por eso, tal vez, optó por sacar finalmente del campo a un Ibrahimovic que acabó demasiado acelerando, jugándose la expulsión, al igual que un Forlín que se empleó con excesiva dureza ante Puyol en el centro del campo, en un balón aparentemente inocuo. El Espanyol, entregado de inicio, empezó a acumular serios méritos para llevarse al menos un punto a medida que pasaban los minutos.
Los ánimos se calentaron hasta límites insospechados, ante la inoperancia de Iturralde. No hubo expulsiones. Ni más goles. El Barça se marcha a buscar el Mundial de Clubes en racha. El Espanyol, pese a su derrota, pudo marcharse del Camp Nou con la autoestima reforzada. Algo que, seguro, será fundamental para remontar el vuelo en las próximas jornadas.
VICTORIA AZULGRANA POR 1-3 ANTE EL DEPOR
Messi celebra su Balón de Oro en Riazor
El argentino, autor de dos goles, recupera su mejor versión en un buen partido
Dos goles del argentino y otro de Ibrahimovic aniquilan a un buen Deportivo
Actualizado domingo 06/12/2009 02:31 (CET)

FRANCISCO CABEZAS
Le cuesta horrores a Messi mostrarse natural en traje y corbata. Pero no le quedará otra que hacer de tripas corazón, colocarse bien el cuello de la camisa, pasar por la sala de maquillaje y exhibir esa tímida sonrisa ante el acto reverencial que le concede el mundo del fútbol en París. Allí espera el preciado Balón de Oro. Pero lejos de tales fastos, donde se siente más a gusto el argentino es corriendo en calzón y camiseta sobre la hierba, con la cabeza gacha. Sin mirar a la cámara, ya será el foco quien lo busque. Tras semanas de cierto desconcierto, el argentino volvió a disfrutar y lideró la convincente victoria en Riazor (1-3). [Narración y estadísticas]
Y lo hizo al amparo de un Barcelona que, pese al despiste que propició el momentáneo empate del Deportivo, completó uno de los mejores primeros actos de la temporada. Se había marchado Guardiola tan disgustado de Jerez por el antipático triunfo de los suyos ante el colista, que se encargó de hacer los ajustes necesarios para que los azulgrana, además de embolsarse un buen resultado, volvieran a merecer la habitual retahíla de elogios.
Dejó en Barcelona a un Márquez fuera de forma y plantó en Riazor al mejor equipo posible, con Xavi e Iniesta en los interiores, y con Sergio Busquets robándole otra vez el puesto a un Touré al que las constantes críticas de su visceral representante siguen pasándole factura.
El resultado al inicio fue de lo más esperanzador para los intereses azulgrana. Asalvajado en la presión y con la única intención de arrinconar al Depor contra el área de Aranzubia, el Barcelona se sabía muy superior a un rival que se ha convertido en la sorpresa más agradable de la temporada.
Miguel Ángel Lotina es uno de los chamanes del fútbol español. El técnico vizcaíno lleva demasiado tiempo apañándoselas para sanar equipos amenazados de derribo y lastrados por economías de guerra. Confiesa el eterno presidente del Deportivo, Augusto César Lendoiro, que los tiempos boyantes del Superdepor de Arsenio Iglesias o del equipo campeón de Liga con Irureta, no volverán nunca más.
A cambio, Lotina está dispuesto a estabilizar un bloque bien equilibrado y capaz de completar partidos notables a partir de una defensa férrea –Lopo y Colotto son de lo más consistentes en el centro, mientras que Filipe Luis ya no acostumbra a dejarse ganar la espalda– y un juego tan vertical como eficaz. Como en los viejos tiempos con el Numancia o el Espanyol.
Aunque quizá no esperaba el entrenador del Deportivo que el Barcelona se le lanzara a la yugular desde el comienzo. De hecho, los azulgrana protagonizaron un monólogo en el primer tiempo ante las facilidades de Xavi e Iniesta a la hora de recibir el balón y la movilidad constante de Henry, Ibrahimovic y Messi. El francés estuvo especialmente despierto ante Manuel Pablo, mientras que el ariete sueco se encargaba de abrirle vías de escape a su escudero argentino.
Antes de adelantar a los azulgrana, Messi ya había puesto a prueba a Aranzubia, portero que está protagonizando un gran inicio de campaña y capaz también de arrebatarle un tanto a Ibrahimovic. Aunque nada pudo hacer el meta riojano ante la segunda acometida de Messi. Recibió el menudo futbolista en la frontal del área ante el tímido acoso de Manuel Pablo, al que le resultó imposible siquiera percibir el giro bárbaro de la Pulga. Décimas de segundo después llegaría el potentísimo zurdazo del diez, tan ajustado al palo que dejó a Aranzubia sin respuesta.
Nada hacía prever que el Deportivo pudiera levantar la tapa y asomar la cabeza del pozo. Por eso el Barcelona se quedó tieso cuando Adrián logró empatar el partido en la única acción de peligro de los gallegos de todo el partido. La acción fue de lo más ridícula. Sergio Busquets rechazó hacia atrás un saque en largo de Aranzubia y Adrián, colándose entre unos despistados Puyol y Abidal, batió a Valdés, que se había quedado plantado a mitad del camino.
De repente, al Barcelona le mutó el gesto. Las triangulaciones perdieron en verticalidad y precisión, los delanteros comenzaron a enredarse, mientras que el Deportivo miraba el panorama feliz desde lo alto de la muralla. Aranzubia se dedicaba a perder tiempo, mientras que Lotina hacía de las suyas y jugaba a amarrar el empate sacando a delanteros por estibadores. Mala señal.
No desfalleció el Barcelona, que encontró el premio a la constancia en el minuto 79. Le volvió a salir de fábula a Guardiola la carta de Pedro, que propició que Messi sacara la testa y rememorara aquel triunfal vuelo en el Olímpico de Roma. Pequeño, pero capaz de alcanzar el cielo. Lugar donde suele habitar Ibrahimovic, encargado de cerrar la noche con un soberbio tanto a pase de Abidal.
JORNADA 12 DE LIGA BARCELONA 1 - REAL MADRID 0
Ibrahimovic decide entre gigantes
Puyol tapó dos clarísimas ocasiones blancas, una en cada parte (Marcelo e Higuaín)
El Barça amasó más balón ante un Real Madrid con más peligro que los azulgrana
Busquets y Lassana fueron expulsados en un extraordinario e intensísimo duelo
Cristiano y Messi se toparon también con los porteros en dos ocasiones muy claras
Actualizado domingo 29/11/2009 23:19 (CET)

ÁNGEL GONZÁLEZ
MADRID.- Ni Messi ni Cristiano, ganó el fútbol. Puyol tapó atrás ejerciendo casi de portero e Ibra mató al equilibrio en la que tuvo. Fue el sueco saliendo del banco quien decidió con un empalme espectacular en carrera el clásico más igualado de los últimos años. El Barça amasó balón ante un rival punzante, que creó más peligro durante muchas fases de un partido extraordinario, de máxima intensidad entre los dos jerarcas. El eterno capitán Puyol se erigió en 'La Moreneta' al tapar con su cuerpo dos clarísimas ocasiones de gol que hubiesen contado otra cosa diferente. ¿Injusto? Lo que no dice el resultado es el extraodinario nivel del combate de los dos pesos pesados. [ENCUESTA DEL CLÁSICO] [Narración 1-0] [ÁLBUM] [Todos los vídeos del partido]
El choque del milenio fue tan bueno o más de los que se esperaba, digno del poderío que da la mejor industria futbolística del mundo -el Barça- y la chequera infinita de Florentino, el grupo en construcción que intenta destronar a la factoría del fútbol. El escenario era el que se esperaba, el Barcelona manejando y abusando del balón en su fábrica y un Real Madrid afiliado al vértigo del fútbol directo. Porque la Santísima Trinidad azulgrana -Messi, Iniesta y Xavi- nunca trianguló con el gusto y la excelencia de las grandes noches. Si acaso se vio algo del repertorio de Iniesta cuando ya Lassana estaba fundido.
Tablas entre los dos machos alfa
Casi nadie faltó a la gran fiesta. Estuvo Cristiano Ronaldo en el Real Madrid, y amenazó lo suyo más que dispuso de un par de metros de ventaja 'con pelota dominada'. Igual que Lionel Messi en el Barcelona, autor de alguna que otra diagonal con el balón cosido a la bota de esas que convierten en fosfatina la defensa. Ellos no decidieron la partida porque se encontraron con los porteros enemigos en dos goles claros. Tablas también entre los dos machos alfa de la manada.
Un pie de Valdés evitó el gol de Cristiano en la opción visitante más clara tras un magnífico despligue a la contra de los blancos con taconazo de Marcelo, el elemento más flojo de la tropa de Pellegrini. La prolongación de Kaká no fue aprovechada como debiera por Cristiano, que se tropezó con el pie milagroso de Valdés. También Puyol tapó con el cuerpo otra fusilamiento ideal para Marcelo, que pecó de lentitud ante el león de la zaga. En el Barça, sólo se le recordó en el primer acto, además del empacho de balón y los detalles creativos de Iniesta y Messi, un disparo cruzado de Henry que apenas fue un problema para Casillas. Alves creaba bulla en su costado, pero sólo era eso hasta que en la segunda mitad dibujó el pase perfecto con el que Ibrahimovic fusiló a Casillas y firmó la esquela blanca.
Le faltó esa clarividencia genial al centro del campo local. Nunca fue en la noche estelar la máquina que, por ejemplo, bailó y desquició al Inter hasta dejarle las vergüenzas al aire, en un huerfanito sin fútbol. Nunca se dejó arrinconar el Real Madrid por la fábrica local, crecido en la grandeza de sus elementos y en la fe en su propuesta. Aunque solo fuera por una vez. Iniesta y Xavi trazaron la idea hasta que el ventilador Lassana, que empezó con un despliegue descomunal, y Alonso lograron trabar el fútbol y el Madrid ganó la iniciativa con la velocidad de Cristiano y los desmarques de Higuaín y Kaká, al que le faltó siempre el pase definitivo. Con otra versión más fiel del mediapunta brasileño hubiesen pintado bastos para el Barcelona.
Lo que quizá nadie esperaba fue la gran propuesta físico-táctica del Real Madrid para inocular el concierto de toque y más toque azulgrana. Mucho toque, pocas nueces de tres cuartos para arriba. Era el Real Madrid más serio y profesional de la temporada, sin duda, con Xabi Alonso de general y Lassana de ventilador cortando las vías de abastecimiento visitante. Nunca tuvo mejor cara Iker Casillas en el Camp Nou con la que se fue al descanso. Porque también su grupo era puro vértigo en los contraataques.
Empalme espectacular de Ibrahimovic
La segunda mitad estaba en las mismas hasta que Higuaín dejó seco a Piqué y se quedó solo ante Valdés. Pero el soldado Puyol se vistió de Moreneta y se apareció otra vez desde las sombrás, salvador. Tapando otro gol con su cuerpo de mil batallas y heridas. La respuesta local cinco minutos después fue demoledora. Un Madrid ya partido no defendió una jugada en la que un pase medido de Alves cogió la espalda de la defensa. Ibrahimovic, en carrera lanzada, empalmó sin dejarla caer un misil a quemarropa imposible para Casillas.
Al toque de corneta del Real Madrid en los últimos minutos ayudó Busquets con su niñería de cortar con la mano un balón insustancial, lo que le costó la segunda amarilla y le pudo costar a su grupo algo más. Los dos técnicos movieron la noria al final refrescando sus tropa de asalto y defensa. Guardiola sufría y tiró de músculo con Touré Yayá y Pellegrini quitó a Cristiano, extenuado, por el francés Benzema, que sique perdido y con cara de naipe. También Raúl apareció por si acaso sonaba la flauta. Lo que se le puede reprochar a Pellegrini es que mantuviese tanto tiempo en la batalla a su mascota, 'la tómbola rifapelotas' Marcelo.
El Real Madrid intentó acorralar, pero Higuaín o Kaka ya estaban raquíticos a esas alturas. Faltaba más gasolina para la remontada, las fuerzas cantaban la gallina. La angustia azulgrana se fueron dilapidando porque el Barça tampoco renunció a lo que nunca renuncia, el bálón. Lass y el Real Madrid claudicaron sobre el pitido con la segunda amarilla de éste, impotencia. Al Barça le supo a pata negra un triunfo grande y trabajado; al Real Madrid, su gran mejoría. La supremacía no está tan clara, ni mucho menos, decidida.
FÚTBOL 11ª JORNADA DE LIGA
El Barça, descabezado en San Mamés
Un buen Athletic mereció el reparto de puntos ante un rival sin excesivo 'punch'
Messi, con un pinchazo en el muslo izquierdo, duda para el clásico del domingo
Actualizado domingo 22/11/2009 02:09 (CET)

JON RIVAS
BILBAO.- La gripe está a un virus de hacer estragos en el vestuario del Barça. El sábado le subió la fiebre en San Mamés. Perdieron el liderato frente a un Athletic mucho más puesto en el partido. Como sucedió en Pamplona, no supo aguantar el marcador favorable. Los vapores cálidos de las duchas propician el contagio. Márquez se bajó del autobús en el último instante, antes de viajar a Bilbao. Touré y Abidal ya estaban con paños calientes, en la cama, horas antes de la convocatoria de Guardiola, pero la fiebre no es excusa en una plantilla que mejora en muchos puntos a la del Athletic. [1-1: Narración y estadísticas]
Caparrós sabe que detener al Barcelona es una tarea de titanes. Que el rival, además de practicar un fútbol exquisito, trabaja y presiona más que nadie. Que Busquets ocupa todo el centro del campo con su majestuosa zancada; que las ayudas de Keita son impagables y los chispazos de la máquina creativa azulgrana pueden resultar letales. Por eso montó un centro del campo idéntico al que en Santander le sirvió para ganar el partido, con Orbaiz, Gurpegui y Javi Martínez con el pico y la pala.
Las exquisiteces quedaban para Yeste, pegado a la banda izquierda, hasta que le aguantó el fuelle. Con dos líneas bastante juntas, el Athletic parecía soportar el tirón y trataba de desplegarse cuando tenía la pelota. Ese dato de posesión, que suele tener cifras abrumadoramente azulgranas, mantenía el equilibrio durante 15 minutos al menos.
Pero al cuarto de hora el Athletic perdió el sitio. Las líneas, bien cosidas hasta entonces, se desgarraron. El equipo bilbaino quedó desnudo, enseñó sus vergüenzas, pero Pedro y Messi, con todo a favor —especialmente el argentino— se tropezaron con Iraizoz, que tuvo una noche inspirada. Por momentos, el Barcelona fue el de la final de Copa, el que viene siendo desde hace más de un año, pero Messi parecía el de la selección argentina, perdido sin el habitual suministro de la medular.
Parecía acabar el partido ahí, pero sin embargo, el equipo de Guardiola bajó el ritmo. Orbaiz ataba bien a Iniesta; Xavi no recibía la pelota. Los rojiblancos volvieron a perder el miedo y otra vez buscaron la portería de Ingenieros, la que les gusta atacar siempre en el primer tiempo aunque el viento sople del Sur, como anoche.
El espíritu de Toquero
Llorente apareció a ratos y descubrió que Chigrinski todavía no está acostumbrado a los mecanismos defensivos de Guardiola. Susaeta fue el más dinámico entre los bilbaínos. Puso en aprietos a Piqué y a Busquets, pero la mejor ocasión del Athletic —la única— llegó en el último segundo, tras un centro de Yeste que Javi Martínez, solo, muy solo, cabeceó fuera con Valdés a contrapié. Un segundo más tarde, Teixeira señaló el camino de los vestuarios.
La balanza se equilibró aún más tras el descanso, y aún así, la calidad de Xavi y un movimiento en diagonal de Alves fabricaron el gol del Barcelona, que en otras circunstancias hubiera resultado definitivo. Esta vez no. Caparrós echó mano del futbolista que resume los valores rojiblancos de siempre, Gaizka Toquero. Su aparición fue determinante. La primera pelota que tocó acabó en la red. La jugada, fue, como el espíritu de Toquero, el resumen de la enciclopedia del Athletic. Iraola lanzó un balón largo, Llorente lo peinó y Toquero, en dos zancadas, se plantó ante Valdés para enchufarle el único disparo rojiblanco que acertó entre los tres palos.
Lo merecía el Athletic, sí, y también el Barcelona, demasiado mecánico. Muy lejos del nivel que le encumbró como el mejor equipo del mundo. Las bajas influyen, desde luego, y también es posible que los viajes intrercontinentales hayan hecho mella en unos futbolistas a los que faltó chispa en la creación.
El Barça se queda sin el liderato, y eso supone un trauma cuando el que te quita el puesto es un equipo tasn criticado como el Real Madrid, pero no mereció más el grupo de Guardiola. Tal vez el Athletic tampoco. Caparrós lo reconoció en los últimos minutos cuando, con Henry y Bojan en el campo, mandó recular al equipo. A San Mamés no le importó. Celebró el empate como un triunfo. Después de tantos chascos ante el Barcelona no era para menos.
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